miércoles, 6 de octubre de 2010

SOTERIOLOGIA

SOTERIOLOGIA

I. INTRODUCCIÓN

II. La persona de el Salvador
1. El Cristo antes de la encarnación
2. El Cristo encarnado
3. Cristo en su muerte
4. El Cristo resucitado
5. El Cristo ascendido y sentado en los cielos
6. El Cristo que vuelve
7. El Cristo que reina para siempre


I. Introducción

Soteriología: Parte de la Teología Sistemática que trata de la salvación.

El vocablo salvación comparte dos ideas fundamentales:

Primero: Ser salvo implica el ser rescatado de un estado de perdición.
Segundo: Ser salvo es ser transferido a un estado de salvación.

El estado de perdición del que la salvación divina es capaz de rescatarnos se detalla en la palabra de Dios como se expone en Colosenses 1:13, Gálatas 3:13, Primera de Tesalonicenses 5:9, 2da. Corintios 7:10. 2da Tesalonicenses 1:9.

Por otra parte, la salvación divina proporciona un descargo y sobreseimiento de toda denuncia contra el creyente que peca, con el mérito perfecto de Cristo y con perdón y justificación en lugar de ira.
En un sentido más amplio, la doctrina de la salvación incluye toda provisión divina a favor del creyente, desde su liberación del estado de perdición hasta su final introducción en la gloria hecho ya conforme a la imagen de Cristo.
Siendo, pues, este designio divino de un alcance tan amplio, este tema de la salvación se divide en tres tiempos:

a) El cristiano fue salvo al momento que creyó.

Hechos 16:30-31, Primera Corintios 1:18; Segunda Corintios 2:15, Efesios 2:8, 2da. Timoteo 1:9
Este pretérito marca el hecho esencial e inmutable de la salvación. En el momento de crecer, el que es salvo queda completamente liberado de su estado de perdición, purificado, perdonado, justificado, nacido de Dios, revestido de los méritos de Cristo, libre de justo juicio de Dios de toda condenación, y a salvo para siempre.

b) El creyente está siendo salvo del dominio pecado.

Romanos 6:14; 8:2, 2da Corintios 3:18; Gálatas 2:20; 4:19, Filipenses 1:19. 2:12;
En este segundo tiempo de salvación, el creyente está siendo preservado y santificado por Dios.

c) El creyente todavía necesita ser salvado de la presencia del pecado cuando sea introducido en la gloria, ya sin tacha.

Romanos 13:11; 1ª Tesalonicenses 5:8; Hebreos 1:14; 9:28; 1ra de Pedro 1:3-5; 1ra de Juan 3:1-3
También podemos agregar otros versículos que, a su vez, presentan todos estos tres tiempos o aspectos de la salvación:
1ra Corintios 1:30; Filipenses 1:6, Efesios 5:25-27, 1ra Tesalonicenses 1:9-10
Con todo esto se puede afirmar que, en lo que toca a la salvación divina es de Jehová (Jonás 2:9 – Salmo 3:8).

La verdad de que la salvación es de Jehová es mantenida tanto por la revelación como por la razón.

• En cuanto a la REVELACIÓN, es testimonio constante de las escrituras que cada rasgo de la salvación del hombre, desde su comienzo hasta su final consumación en los cielos, es una obra de Dios a favor del hombre y no una obra del hombre en servicio de Dios.
• En cuanto a la RAZÓN, basta considerar que cada paso en esta magna empresa de salvación es de carácter sobrenatural y que el hombre no puede contribuir en absoluto a su realización, por lo que no tiene más remedio que arrojarse desarmado, por fe en brazos de otro que puede hacerlo.

Estas verdades pueden ser consideradas desde dos ángulos diferentes:

a) Ángulo legal: La salvación de un ser pecador está implicado en la necesidad de satisfacer las ineludibles y santísimas exigencias de la justicia y del gobierno divinos que son ultrajados por el pecado en cada una de sus múltiples formas. Nadie puede hacer expiación por su alma y así salvarse a sí mismo.
b) Igualmente y sobre la misma base de la muerte y resurrección de Cristo, es otorgada toda estipulación requerida para la Comunión eterna con Dios en los cielos.




La persona de El Salvador

No hay más que un Salvador, y El es el único cualificado bajo todos los aspectos para salvar.
Estas dos afirmaciones constituyen el fundamento de la Soteriología.
La Soteriología se convierte, a su vez, en la piedra angular de la Teología Sistemática.

I. Las siete posiciones de Cristo

El objetivo de esta parte preparatoria es un instinto de captar la grandeza infinita de aquel que ha tomado a su cargo el salvar a los perdidos.
El progreso espiritual del cristiano puede medirse por su crecimiento en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2da Pedro 3:18), Cristo mismo afirmó que la obra del espíritu en el corazón del creyente estaba dirigida a que “Él me glorificará” (Juan 16:14)

Estas siete posiciones son presentadas para que Cristo tenga en toda preeminencia.

A) El Cristo de antes de la Encarnación
Juan 1: 1-2, 14. El hijo de Dios no se atribuyó a sí mismo el término logos, sin embargo es el Espíritu Santo quien se lo aplica.
Por su sola significación, el epíteto logos comporta una revelación de largo alcance, no solo de su divinidad, sino también de su eterna y esencial relación a la primera persona de la trinidad.

Logos significa en el griego clásico tanto “Razón como Palabra”. Ahora bien, es imposible imaginar que Dios exista sin pensar, de donde se deduce que su pensamiento tiene que ser tan eterno como su deidad.

El término “pensamiento “es quizá la mejor versión del vocablo griego logos, ya que designa, de una parte la facultad de razonar o el pensamiento concebido en el interior de la mente, y por otra parte, el pensamiento expresado al exterior mediante el vehículo del lenguaje.

Las dos ideas pensamiento y palabra hablada están contenidas en el término LOGOS

El término logos describe a Jesucristo con tal exactitud y propiedad, por lo que esto nos obliga a inquirir ¿En qué sentido es Jesucristo la palabra o verbo?

Según Orígenes: “El Hijo puede ser la palabra porque anuncia las cosas ocultas de su Padre”.
“El es el intérprete de la voluntad de Dios”, es decir Jesús procediendo del seno del Padre, de aquel quien nadie ha visto jamás, nos lo ha revelado a nosotros.

Jesucristo nos ha dado a conocer a Dios y nos lo ha interpretado, pues, en sí mismo, Dios se hallaba infinitamente distante de los límites de nuestro conocimiento.
El evangelio según san Juan contiene tres verdades definitivas respecto al logos.
a) Por ser una misma esencia con Dios y por ser Dios, existe desde la eternidad (1:1-2)
b) Es hecho Hombre (1:14)
c) Es la manifestación perenne (continua, incesante) de la Primera Persona (1:18)

B) El Cristo Encarnado
El reúne en sí mismo una divinidad sin mengua y una perfecta humanidad, no hay ninguno otro ser comparable a Él.
Esta persona teándrica es tan Dios como el Padre y el Espíritu, pero ni el Padre ni el Espíritu se han unido hipostáticamente (unión de la naturaleza humana con lo divino) con una naturaleza humana. Igualmente, esta persona teándrica es en todos los aspectos la personificación de cada rasgo de un auténtico ser humano, pero ninguno otro ser humano ha estado jamás unido a la divinidad de una forma semejante.

C) Cristo en su muerte
La correcta valoración de El Salvador está ligada, en su alto grado, a su obra en la cruz.
Grandes ciertamente son los triunfos de Cristo mediante la cruz que se extienden hasta la transformación de todas las cosas en la tierra y en el cielo.

D) El Cristo resucitado
Por la encarnación se llevó a cabo la unción de las dos naturalezas en una sola persona teándrica y en esta unción su deidad quedó velada, y su humanidad, aunque sin mancha de pecado, pero la resurrección llevó a cabo la revelación de su divinidad y la glorificación de su humanidad mediante su resurrección, ha llegado a ser lo que siempre será y lo que nadie antes de Él había sido jamás: Un hombre glorificado en el cielo.
A causa de sus sufrimientos y de su muerte, Dios lo ha exaltado grandemente en la resurrección y le ha dado el nombre que está sobre todo nombre.

E) El Cristo ascendido y sentado en los cielos
Cristo está localmente presente en los cielos, sentado en el trono de su Padre y ejerciendo allí el ministerio de Salvador de los hombres perdidos, y de cabeza sobre todas las cosas para la iglesia.

F) El Cristo que vuelve
En los pasajes que describen la segunda venida de Cristo, se pone a prueba la capacidad del lenguaje humano para expresar una gloria sin límite (Isaías 63:1-6; Mateo 24:27-31; Hechos 15:16-18; 2da Tesalonicenses 1:7-10; Apocalipsis 19:11-16) y este aspecto de su gloriosa persona debe añadirse a la suma total e todo lo que es el Salvador.

G) El Cristo que reina para siempre
Por la autoridad del Padre, el Hijo, a quien toda potestad ha sido dada, es menester que reine sobre trono de David hasta que todos sus enemigos sean puestos por escabel (tarima pequeña que se pone delante de la silla para que se descansen los pies de quien está sentado).
Entonces Él, en virtud de la misma autoridad, reinará por los siglos de los siglos a fin de que Dios sea todo en todos (1ra. Corintios 15:24-28).


Lo que Cristo llevó a cabo en sus sufrimientos y muerte

Al predecir su muerte en la cruz (Juan 18:37) (Lucas 19:10) El tema general de lo que Cristo llevó a cabo en sus sufrimientos mortales y en su muerte se puede dividir en los seguimientos puntos:

1. Una sustitución por los pecadores:
Esta obra de Cristo no solo expresa que Cristo sufrió en nuestro favor y para nuestro bien sino también en nuestro lugar, y llevando sobre si aquella pena de nuestros pecados que, de lo contrario, nosotros mismos deberíamos haber soportado.

Textos que exponen la sustitución.
Lucas 22:19-20; Juan 6:51; Juan 15:13, Romanos 5:6-8; Gálatas 3:13

2. Cristo. El fin de la ley a favor de los salvos:
En virtud de la muerte de Cristo y a favor de los que creen, el sistema legal y meritorio de las obras ha llegado a su término. En su concepto más amplio, la ley existe en forma de dos realidades completamente diferentes:
a) La ley de Moisés que es la norma de conducta que Dios le prescribió a Israel en el Monte Sinaí, la cual ejerció su vigencia durante 1500 años.
b) La ley inherente o el derecho del Creador sobre la criatura.

La Ley de Moisés

Es la norma de conducta que Dios prescribió a Israel en el monte Sinaí (meritos humanos)

La Ley Inherente o natural es el derecho del Creador sobre la criatura y por consiguiente la responsabilidad de la criatura para con el creador.

Cristo es el fin de la ley para los que creen en una verdad teológica que se sustenta en la palabra de Dios inspirada por El Espíritu Santo.


Romanos 10:4
Israel buscaba la justicia de Dios por medio de la ley. Los gentiles hemos alcanzado la justicia por medio de Cristo Jesús.
Es de notar que Cristo en sus sufrimientos y muerte no solo pagó la pena impuesta por la ley sino que también logró una perfecta justicia a favor del creyente.

Pablo expone claramente la verdad de los dos sistemas por un lado la ley = obras = mérito y por otro lado la gracia que implica FE = Promesa (Romanos 11:6) (Gálatas 2:21) (Gálatas 3:18-29).

Hechos 15:10
El primer concilio de la Iglesia tenía el problema de la relación que debía tener el sistema mosaico con los que son salvos entre los gentiles. En el versículo 24 los mismos judíos-cristianos reconocen que la ley como sistema meritorio para perdón es un yugo de esclavitud.

Romanos 1:16-17 (leer versículos)

Romanos 3: 21-22
La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo

Romanos 1:18, 3:20
Muestra lo obsoleto de la ley en relación con la obra de Cristo

Romanos 4:5
La frase “no obra” no implica negligencia en la vida cotidiana del creyente, sino más bien a que si obra no es para mérito sino para obediencia a su Señor.

Gálatas 3:8; 4:19-31
Con sus sufrimientos y su muerte, Cristo resolvió con igual exactitud y eficacia el problema del pecado personal y el problema del pecado por naturaleza. “murió por nuestros pecados” (1ª de Corintios 15:3) y murió al pecado (Romanos 6:10).

Cristo murió al pecado, este tema queda grandemente explicado en la carta a los Romanos capítulo 6-7-8 y en la Primera Carta de Juan Capítulo 1. Se indica una distinción el pecado que es una falla personal o transgresión y el pecado que es como una naturaleza.

Primea de Juan 1:8 expone el pecado como naturaleza.
Primera de Juan 1:10 expone el pecado como acto

Por lo tanto el método divino de tratar el pecado natural del creyente es primero traerlo a juicio (Romanos 6:10)
Romanos 6:1 – 8:13 es la parte del evangelio donde se trata sobre el juicio del pecado natural.

En sus detalles principales, el desarrollo del argumento de estos pasajes es como sigue:
1) Cristo murió al pecado afín de que creyente no continúe en el pecado (6:12)
2) Todo el sistema meritorio de las obras humanas y al cumplimiento de la ley ha pasado ya para el cristiano (7:1-25)
3) Hay victoria triunfal en lo que toda voluntad de Dios es cumplida en (Cristo) pero nunca por (el hombre) (8:1-13)















Los oficios de Cristo

1. Profeta: El concepto Profeta sugiere que se trata de un canal o medio de comunicación a través del cual el mensaje de Dios es transmitido a los hombres.
La comisión encargada al Profeta de hablar de parte de Dios, y el requerimiento de oírla hecho al pueblo. (Deuteronomio 18:15, 18-19) el mensaje del verdadero Profeta debía ser recibido y escuchado por toda la casa de Israel, desde el Rey hasta el último súbdito del reino.
2. Sacerdote: En el bautismo de Jesucristo quedó atestiguado su oficio sacerdotal por aquella voz venida del cielo y una confirmación adicional en el descenso del Espíritu Santo en forma de paloma sobre Él y la proclamación de Juan el Bautista (Juan 1:29)
Respecto al sacerdocio de Cristo, este se relaciona con el tipo de Melquisedec en tres aspectos:
a) Su persona: Sea cual sea la identificación de Melquisedec, lo cierto es que él tipifica a un Rey-Sacerdote cuyo anti tipo solo puede encontrarse en Jesucristo. (Apocalipsis 5:10)
Queda como una verdad esencial que, en cualquier aspecto concebible, son reyes y sacerdotes en virtud de su unión con Cristo.
b) Por nombramiento: Es el Padre el que le ha dado el nombramiento de sacerdote (Hebreos 5:5-6, 10) (Hebreos 6:20)
c) Su duración eterna: Su sacerdocio según el orden de Melquisedec es eterno y sellado como tal por el juramento de Jehová. Tal es la aseveración de ambos testamentos. Salmos 119:4 ; Hebreros 7:20-28)
3. Rey: Se afirma que el mesías reinará sobre el trono de David para siempre.
Citaremos dos pasajes que registran el plan divino manifestado en su nacimiento tocante al trono de David.
Isaías 9:6-7; Lucas 1:31-33
La extensión de su reinado se observa materialmente en:
• Su nacimiento: Mateo 2:2
• Como heredero del trono de David. Juan 12:13
• Él reclamó su título de Rey: Mateo 27:11
• Murió al ser acusado de pretenderlo. Mateo 27:37
• Vendrá de nuevo como Rey. Apocalipsis 19:16


Los sufrimientos del Salvador

Si Dios hubiera podido salvar a un pecador de un solo pecado exonerándolo de la deuda, entonces podía haber contemporizado con el problema del universo, pero ni el problema de un solo pecado en una sola vida, no el problema del universo podía tener solución aparte del sacrificio de Cristo.

Esta necesidad ineludible se comprende al enfocar los sufrimientos del Cristo en dos aspectos:
a) Sus sufrimientos en vida
b) Sus sufrimientos en la muerte

a. Sufrimientos en Vida
La importancia teológica de lo que Cristo sufrió en vida durante su ministerio público se puede clasificar de acuerdo a las características de su persona de la siguiente manera:
1. Por su santo carácter
En este aspecto el Apóstol Pedro nos presenta un panorama relacionado entre Lot y Cristo (2da de Pedro 2:7-8)
¿Cuánto más sería la congoja del Hijo de Dios en medio de las tinieblas morales y de la corrupción de la humanidad caída?

2. Por su compasión
Jesucristo es, en todos los aspectos la manifestación del Padre (Juan 1:18). El Salmista lo declara en salmo 103:13. Todos sus milagros de curación y restauración estaban motivados por su compasión (Mateo 8:16-17) (Isaías 53: 1-4)

3. Por su presencia
La visión anticipada de la Cruz estaba constante ante los ojos de Cristo (Juan 12:27) sus predicciones referentes a su propia muerte tales como su muerte (mateo 16:21; 17: 12-23; Marcos 9:30-32) la inauguración de la cena del Señor, los sufrimientos en Getsemaní, pertenecen a sus sufrimientos por anticipación.

b. Sufrimientos en su muerte
Al entrar en el tema de los sufrimientos y muerte de Cristo, hay que considerar algunas verdades importantes.
1. Crucifixión y Cruz: Hay que distinguir entre la crucifixión (el mayor de los crímenes) y la Cruz contemplada como el signo de la gracia redentora de dios.
Es probable que la ceguera que Satanás impone a los inconversos (2da Corintios 4:3-4) solo vean un brutal asesinato, por lo que la Cruz se convierte en locura; la iluminación que los nacidos de nuevo reciben hace que se centren en el punto crucial: El sentido de la muerte de Cristo, los nacidos de nuevo pueden ver en la Cruz completo designio y el plan entero de la gracia redentora (Romanos 3: 25-26)

Puesto que los sufrimientos y la muerte de Cristo son el punto central de toda la verdad revelada, y este punto puede ser apreciado de manera tan diferente (como un crimen o como el momento más sublime de la historia moral de Dios).
Los sufrimientos y la muerte de Cristo exigen ser considerados con diligencia.

La crucifixión, del lado humano, estaba ya iniciada en el primer pecado de nuestra raza, mientras que la reconciliación se estaba consumando en la Cruz simultáneamente con el crimen que los verdugos de Cristo estaban perpetrando en Él.

La crucifixión es distinta a la Cruz por las siguientes pruebas descritas en el Nuevo Testamento:
a) La actitud mental de los diferentes tipos de gentes:
- Turba vulgar que decía: (Mateo 15: 29-30)
- Los gobernantes decían : (Mateo 15: 31-32)
- El malhechor decía: (Lucas 23:39)
- Los soldados decía: (Lucas 23:37)
- El supersticioso decía: (Marcos 15:36)
Cada uno de estos decía a Jesús: “Sálvate a ti mismo” todos ellos vieron la tragedia de la crucifixión y dijeron que la cruz marcaba el punto final de la vida de Jesús.
Pero había una excepción de alguien cuya posición difería de los demás “El malhechor” que abrió su boca para decir “sálvame”. Este “malhechor” que habló fue el único que vio todo un nuevo reino situado más allá de la muerte al decir (Lucas 23:42).

Este moribundo es realmente el creyente ideal; él y solo él tuvo la visión correcta de la cruz de la reconciliación; solo él divisó algo más que los tráficos horrores del acto de la crucifixión; él tuvo la visión correcta de la cruz: Que Cristo, a pesar del tratamiento que recibía de los hombres, estaba en verdad quitando el pecado del mundo, como preparación de un reino espiritual situado detrás del momento culminante de su muerte. El malhechor arrepentido solicitó la membrecía en tal reino, privilegio de gracia que le fue asegurado por Jesús (Lucas 23:43)

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